En mi época, cuando nos enfrentábamos a los rivales más duros, era como hacer un túnel en una mina, avanzar poco a poco, y no éramos conscientes del camino que estábamos abriendo. Los veíamos superiores, ya fuera en lo táctico, en lo físico o por la calidad de los jugadores. Pensábamos que podíamos ganarles, por supuesto, pero era un reto. Sin embargo, fuimos picando y picando piedra, y abrimos ese camino. Fue una especie de legado que se ha ido alimentando con el tiempo en la selección y ahora, como quedó demostrado este miércoles contra Noruega, todos los contrarios nos ven como un ejemplo.

