En el Rastro encuentras de todo. Pero de todo. Incluso cuentan las malas lenguas que si ‘pierdes’ algo caminando entre los puestos de Ribera de Curtidores, es posible que el domingo siguiente te lo vendan en la misma calle. Pero entre cromos y casetes antiguos te puedes encontrar nuestro tenderete, en el que caen desperdigados un montón de objetos extraños, sin aparente relación entre sí, que de repente activan un chispazo de tu memoria. Esa gorra la has visto en otra parte, ese balón es igual que aquel de tu jugada favorita, ese banderín te recuerda a aquella noche que querías olvidar… Un derbi es una celda más en el archivo de nuestra memoria y su memorabilia, sus antigüedades, nos evocan con sólo mirarlas a noches de alegría o angustia. A noches de tensión y juventud.

