Novak Djokovic entona y tararea el cumpleaños feliz para felicitar a su madre, que el día anterior celebró los 59 y se emociona en la grada. Afortunadamente, el serbio no se dedica a la canción sino al tenis, y de esto último sí que sabe un rato. Lo demuestra finalizado el cruce con Andrei Rublev, que no hace sino despejar las pocas dudas que pudieran quedar tras el partido previo, en el que ya había ofrecido un nivel cercano a lo sobresaliente. Como ante Alex de Miñaur dos días antes, el serbio tan solo ha cedido siete juegos frente al ruso (6-1, 6-2 y 6-4) y después de lanzar un mensaje contundente a su próximo rival, el estadounidense Tommy Paul, lo analiza con la jerga propia de alguien que lleva muchos años metido en esto y, sobre todo, que controla y mucho del asunto.

