Al término del encuentro, Udonis Haslem, mítico cuarentón de los Miami Heat, se acercó a los micrófonos de la televisión americana y, todavía con la equipación de partido, dio las gracias a Draymond Green. El ala-pívot de los Golden State Warriors no estaba en el TD Garden de Boston, ni siquiera en Massachusetts. Pero Haslem tenía sus motivos. Unas horas antes, tras certificar su pase a las finales de la NBA ante los Dallas Mavericks, Green había dado por hecho que su equipo, los Warriors, se enfrentaría a los Boston Celtics en la lucha por el título de la NBA. No pensó lo mismo Jimmy Butler, que, en una noche de expiación, rompió en mil pedazos el vaticinio de Green y forzó el séptimo partido de las finales de la Conferencia Este (103-111) con una exhibición sin precedentes (47 puntos, máxima anotación de su carrera en los playoffs).

