Antes de que esta noche arranque la <strong>finalísima </strong>de Champions, el fútbol ya habrá ganado. El trofeo más prestigioso del planeta se lo disputan hoy dos equipos que representan la historia, la mística, la identidad natural, la esencia de este deporte. También son equipos que manejan presupuestos millonarios, cierto, que no todo es romanticismo y el dinero, en este contexto de <strong>hiperprofesionalización</strong>, es un factor fundamental. Pero esas cifras que mueven los finalistas de hoy,<strong> Real Madrid y Liverpool,</strong> carecen de ese revestimiento de ventaja financiera desproporcionada con la que cuentan los clubes estado. La desigualdad de condiciones es manifiesta, algo que desequilibra la competición y que hay que corregir con urgencia. No todos los clubes parten en igualdad de condiciones, y eso es un problema grave. Por eso, el hecho de que los dos clubes estado, con todos sus petrodólares, con el sospechoso incumplimiento del ‘fair play financiero’ vayan a ver la final de hoy por televisión, es una gran noticia para el fútbol y los aficionados.

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