El hotel de la selección española de balonmano en Gdansk es una especie de Gran Hermano. En el recinto, que no es tan grande, también está alojada Noruega, su rival este miércoles (18.00, Teledeporte) en los cuartos de final del Mundial, con la que comparte recepción, vistas aburridas y comedor. Además, claro, del frío helador que cae estos días en Polonia. “Bajaremos a comer los espaguetis e igual no podemos ni hablar del partido porque los tenemos al lado”, comentaba un jugador este martes en un corrillo. Por allí, a mediodía, entre lamentos por la organización, pasaba con aire tranquilo Kauldi Odriozola (Zumaia, 26 años), segundo máximo goleador de los Hispanos este torneo (23, a dos de Álex Dujshebaev) y el que más estirón ha pegado respecto al último gran campeonato, el Europeo de 2022. Cada enero, a Jordi Ribera le florece uno nuevo, y esta vez ha sido este extremo diestro (y brazo zurdo) criado en la costa vasca del Cantábrico. “Un tipo recio, honesto, guipuzcoano”, lo definen en su entorno.

