Ella con la camiseta de un equipo; él, con la del otro. Juntos en la grada, casi más pendientes de las carantoñas que del propio partido. Esa escena tan tierna y hasta cierto punto habitual no podrá vivirse este miércoles en el Camp Nou. Ni el jueves en el Bernabéu. Fotógrafos y camarógrafos se ahorran la búsqueda.<strong> Por lo visto la normativa ampara a los clubes locales, que además lo hacen por nosotros. Por nuestra seguridad, que parece andar delante de nuestra libertad en el orden de prioridades</strong>. El Barça directamente prohíbe. El Real Madrid se reserva el derecho de admisión, que suena a discoteca cutre. ¿Es usted azulgrana y tiene un amigo txuri-urdin? No puede ir con él salvo que esconda su condición. ¿Es usted blanco y tiene un hermano rojiblanco? Tampoco. Así anda el fútbol español. Si a sus dirigentes los colocaran en la Dirección General de Tráfico, prohibirían circular para acabar con los accidentes. Y luego, por supuesto, presumirían de haber reducido la cifra de víctimas. Al fin y al cabo, cuando se jugaba a puerta cerrada no había casi incidentes. Que fuera por una pandemia no deja de ser un detalle…

