La noche de la dura derrota del clásico en Arabia, Carlo Ancelotti compareció con un tono especialmente bajo. “Ha sido un mal partido en todo”. Llevaba días advirtiendo en público e incidiendo en privado sobre los problemas que arrastraban, pero se habían estrellado igual. Y con cierto estrépito. El entrenador del Madrid parecía abatido. Sin embargo, justo antes de abandonar la sala, dejó un fogonazo de rebeldía: “No tengo duda: el Madrid vuelve. Sobre esto, no tengo duda”. Una semana más tarde, en San Mamés, el cambio de rumbo parecía consistente. Acorralado, pero no rendido, el italiano lo alcanzó a través de una ruta distinta de su fórmula clásica.

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