En Bogotá se redactan epitafios tristes, obituarios deportivos emocionados de Nairo Quintana, el mejor ciclista colombiano de la década, que, a 10 días de cumplir 33 años, encuentra que no hay equipo europeo que le quiera tras una sanción insólita por tomar el analgésico tramadol en el Tour. En San Juan, estos días de verano austral, pedalean las demás figuras de un ciclismo que hace tres o cuatro años era la envidia del mundo, ahora pena, y no encuentra compasión.

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