Rafael Nadal, satisfecho con su actuación, da un trago profundo al bidón que simboliza la victoria contra el británico Jack Draper en la primera ronda: 7-5, 2-6, 6-4 y 6-1, después de 3h 41m. El liquido reponedor tiene el mismo efecto que el triunfo logrado contra el británico, trabajado y rumiado, muy necesario. Decía el mallorquín antes del estreno en Melbourne que en el caso de sortear la primera estación del torneo su abanico de posibilidades crecería de forma considerable, en tanto que necesitaba desbloquear la casilla que se le negaba en los últimos tiempos. No ganaba un partido oficial desde mediados de noviembre –frente a Casper Ruud, en las Finals de Turín– y había cedido en seis de los siete últimos compromisos, luego la prioridad era esa, festejar de una vez por todas.

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