Cory Higgins, el asesino silencioso del Barcelona, había pasado casi de puntillas por el partido hasta que en los instantes finales, con su equipo con la soga al cuello y el mermado ASVEL Villeurbanne soñando con un triunfo casi imposible (73-69, min 37), apareció para anotar ocho de sus 16 puntos y evitar la angustia de los azulgranas, que jugaron con fuego y casi se queman (75-82).

