Hay momentos para los que nunca se está preparado. Son imposibles de entrenar por muchas ocasiones que los hayamos vivido. Iniciar una temporada en el circuito siempre conserva esa ilusión de las primeras veces, es una reválida personal que se afronta con ambición pero también con respeto. Tras unas semanas alejados de la competición, con las sensaciones de competición en pausa, el tenista aparece en uno de sus estados más vulnerables, el que le obliga a reencontrarse de inmediato en el circuito.

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