La escena es recurrente, sea cual sea el torneo: un tenista, móvil en mano, escudriñando qué se cuece en las entrañas cibernéticas del aparato. Por supuesto, ocurre también en París, adonde Paula Badosa (7-5, 3-6 y 6-2 a Kaja Juvan) llegó con los nervios a flor de piel. Dos semanas antes, la número cuatro del mundo, de 24 años, había decidido cortar por lo sano y eliminó la mayoría de las aplicaciones de redes sociales que tenía instaladas en el teléfono. “Sí, casi todas. Solo mantengo aquellas en las que puedo controlar quién puede entrar en contacto conmigo”, contesta a este periódico, mientras el runrún se esparce y los profesionales se explican. Tenis y redes, redes y tenis; una extraña contradicción. Exposición, fama ingresos. También una fuente de problemas.

