Durante 30 años existió en Argentina un estadio construido en cursiva, un campo de fútbol completamente torcido: el del Club Social y Deportivo Liniers. Una de sus áreas medía 37 metros de ancho, la otra tenía 39. Una sus mitades medía 48 metros, la otra 54. La irregularidad era tan evidente que en las fotos aéreas de la cancha no se observa la forma de un rectángulo, sino de un trapecio. El Jack Nicholson de Mejor imposible hubiese entrado en parada cardiorrespiratoria al verlo. En realidad, cualquier persona mínimamente maniática con las líneas rectas. Pero en ese campo trapezoidal se disputaron partidos de fútbol durante 30 años. Hasta que un día a la AFA le entró rectitud, literal y metafórica, y la cancha se arregló.

