Un “único” en apuros. Cristiano Ronaldo se ve único. Pero hoy solo lo es en Arabia Saudí. Para una personalidad como la suya, ese dolor no se mitiga con dinero. Aunque te tapen con billetes. El ego, que bombeaba adrenalina a su espíritu de superación, fue el motor de su extraordinaria carrera. El que nos permitía decir: “Si el genio nace, Messi; si el genio sobreviene, Cristiano”. Todo lo que un jugador puede mejorar en el camino, lo consiguió de un modo ejemplar. La técnica, que mejora en la repetición; el físico, que se fortalece en la exigencia; el gol, instinto al que la ambición aviva. Pero el ego, que tanto ayudó, le está eligiendo mal la puerta de salida. A sus casi 38 años ese cuerpo que nos parecía inmortal sigue impecable, pero no para ser el líder de un gran equipo, de una gran selección, de un gran duelo como el que protagonizó con Messi.

