Pep Guardiola deshizo, hizo y rehizo en otra exhibición de intervencionismo. El técnico español protagonizó un partido extraño que su equipo, el Manchester City, sacó adelante a costa del Chelsea más desnortado de los últimos años. El triunfo ayuda al City reducir la distancia que le saca el Arsenal, ahora líder a cinco puntos, al tiempo que sepulta al Chelsea en la décima posición de la tabla, definitivamente descarrilado por un entrenador que no aprovecha ni los golpes de suerte.

