José Mourinho es el mejor entrenador del mundo detectando el ambiente, descifrando los resortes del lugar donde trabaja. Y cuando llegó a Roma el pasado verano entendió dos cosas: el club llevaba demasiado tiempo sin levantar un copa, pero el equipo no tenía plantilla para aspirar a grandes hitos. Ambas premisas le hicieron concluir que la Conference League, una competición nueva sin apenas prestigio, sería la mejor plataforma para relanzar al equipo y para frenar la sangría de trofeos de su carrera. De este modo, la Roma, descolgada de los primeros puestos de la Serie A y exhibiendo un juego algo justo en recursos, armó un grupo compacto y logró colocarse en la primera final europea desde el año 1991, cuando el Inter le ganó la Copa de la UEFA. Este miércoles Mourinho volvió a hacer historia y le dio a los giallorossi la primera edición de la Conference League.

