¿Y ahora?, pregunta el pequeño. Son las siete de la mañana del primer lunes después del Mundial. Desayunamos en la cocina de casa. Ahora, nada. Se acabó, respondo. ¿Ya?, dice incrédulo él, levantando los ojos del tazón de leche, buscando los míos. ¡El tiempo vuela!, interviene el mayor, abriendo los brazos. Una frase hecha, pero cargada de un sentido profundo que los niños comienzan a comprender tras los veranos y los Mundiales de fútbol. ¿Y cuándo es el siguiente?, inquiere el pequeño y, cuando su hermano le explica que será en 2026, su mirada parece perderse en la inmensidad del tiempo. Normal, cuatro años cuando se tienen solo siete es más de media vida.

