Me emocioné el martes viendo el partido que disputó el brillante Jo-Wilfried Tsonga contra Casper Ruud en lo que resultó ser, como se esperaba, su despedida de este deporte. El francés, aquejado de constantes lesiones, no ha logrado ganar a ningún top-100 en el último año. Y en ese último encuentro, sin embargo, desplegó tal coraje que nos hizo creer que su victoria era posible. No es de extrañar que el público local lo aclamara y aplaudiera sin descanso, y que llegara a cantar el himno nacional, La Marsellesa, para conmover al tenista, que cerró el último punto del partido con lagrimas en los ojos.

