Bailan las tripas. No paran de trabajar los intestinos de Joshua Cheptegei, campeón olímpico de 5.000m, de Francine Niyonsaba, estrella del medio fondo y del fondo, de Mo Katir, Carlos Mayo y Fernando Carro, de los mejores fondistas españoles, de los miles de aficionados que apuran las horas dando vueltas por el Retiro a todo correr a 24 horas de la San Silvestre Vallecana. Los bichos de sus tripas, bacterias, virus, microbios, las del ugandés que piensa batir el récord de la prueba, unos 10 kilómetros, de 26m 41s, las de los españoles profesionales, las de la burundesa Niyonsaba, gran rival de Caster Semenya en los 800m hasta que la federación internacional prohibió a ambas correr en esa distancia porque su condición de DSD (desarrollo sexual diferente) les daba, supuestamente ventaja, las de los aficionados, se afanan en devorar y metabolizar todo lo que cae.

