La noche ya se ha apoderado del Bois de Boulogne, donde la luz artificial sigue siendo un elemento todavía extraño, postizo en un torneo que recopila los grandes episodios al natural y que ha resistido a los nuevos tiempos hasta que no ha podido más. La sesión nocturna, el dichoso dinero. Eso que los interesados hacen llamar industria. Pero con focos o sin ellos, qué más da, Rafael Nadal sigue a lo suyo, avanzando en el grande francés y recontando victorias, 300 ya en los Grand Slams. Cifra redonda –solo le superan Roger Federer (369) y Novak Djokovic (325)– en una fructífera velada en la que continuó ganando rodaje y buenas sensaciones ante Corentin Moutet.

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