Mi relación con el fútbol cambió hace más de 20 años. Soy aficionado del RC Celta y no me perdía casi ningún partido en el estadio ABANCA Balaídos. Salvo cuando el horario coincidía con mi trabajo como dependiente en una tienda de ropa. Un día, en agosto de 1996, entró por la puerta del local una cara que me resultó familiar: el futbolista israelí Haim Revivo. Acababa de fichar por el Celta y apenas llevaba unos días en Vigo. Le reconocí por las fotos que salieron en la prensa local, pero no terminaba de creer que lo tuviera tan cerca. Él no tenía ni idea de español y yo sabía un poco de inglés. Así que me pidió ayuda para encontrar la talla adecuada para unos pantalones. Tuvimos buena química y me pidió mi número de teléfono para que le recomendase restaurantes y zonas que visitar en Galicia. Gracias a eso fuimos cogiendo confianza y me convertí en amigo de uno de los cracs de uno de los grandes Celtas de la historia. Aquellos años, el equipo siempre quedaba entre los diez primeros clasificados en LaLiga Santander.

