Una de las paradojas del ajedrez es que a más ciencia menos arte, y viceversa. La preparación casera con computadoras que juegan mejor que el campeón del mundo produce partidas lentas de gran calidad técnica pero poco atractivas para el aficionado medio. Porque la belleza es hija del error: un jugador se equivoca y su rival lo castiga con una combinación brillante. De ahí el auge de las modalidades rápidas, cuyo Mundial se disputa estos días en Almaty (Kazajistán) con grandes audiencias por internet.

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