La etapa, en el lago de Lavarone, junto a una gasolinera, la gana Santiago Buitrago, un bogotano que tenía 11 años, y ya corría con dorsal, cuando Nairo ganó el Tour del Porvenir. A los 22 llora como un hombre cuando queda segundo, el domingo pasado en Cogne; llora cuando gana y se abraza a Rayan Ajaji, su jefe de prensa, en la meta. No llora cuando se cae, una curva mal tomada descendiendo el Giovo, junto al pueblo de los Moser y de Simoni, ganadores de Giros, blasfema y grita, rabia y dolor, y sacude el brazo. Se monta de nuevo. La testosterona, el golpe, cumple su función. La adrenalina. Pedalea más fuerte. Gana con el pantalón desgarrado. Corre en el Bahrein. Corre en el Bahrein para Landa, que en la meta le abraza como a un hermano pequeño feliz el día de su primera comunión. Landa avanza. Ya es tercero. 1m 5s, delante, Carapaz. 49s detrás, bye bye Almeida. “Un día duro. Controlamos la última subida. Muy fuertes Hindley, Carapaz, pero estoy feliz por dejar a Almeida”, dice. “Y supercontento por Buitrago”.

