Por alguna razón, quizá para probarlo un poco más, el Dios del fútbol no quiso que Lionel la tuviera tan fácil. Cuando parecía que Argentina había controlado por completo el juego y Francia estaba liquidada, a poco más de 10 minutos del silbato final, la “maldición” de Leo llegó al Lusail y entró por la misma cabecera de los goles en la primera mitad. Pero solo lo hizo sufrir un poco, pues justamente Lionel, quien ya arrastraba los pies por el cansancio de siete partidos intensos en 30 días, estuvo en el sitio exacto, en el momento oportuno, para mandar al fondo de las redes un rechace de Lloris al arranque del segundo tiempo extra.

