Ganó la literatura. Nadie escribe de fútbol como los argentinos. Y si Roberto Fontanarrosa hizo algo tan sublime como el cuento del Viejo Casale a partir de una simple final copera entre Central y Ñuls (vale, no fue una simple final), ¿qué conseguirá ahora cualquiera de los grandes literatos futboleros de ese país tan lejano y tan cercano a Europa? Ciertamente, el escritor tendrá que esperar a que se le calme el temblor de manos. Porque el drama fue peliagudo. Qué final. Qué agonía.

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