Hay algo profundo que conecta a este puñado de chavales que se abrazaban y saltaban como locos a cada gol francés en un vetusto pabellón deportivo del extrarradio parisino, y las multimillonarias superestrellas de Francia que cayeron con honor ante Argentina en la final de Qatar. Algo íntimo conecta a estos hijos o nietos de la inmigración magrebí y africana, habitantes de la banlieue pobre y multicultural, franceses que se han acostumbrado a que se les haga sentir que son extraños en su tierra, con Kylian Mbappé y su banda.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *