Hace 10 días, después de pasar a cuartos, Messi se sentó en la sala de prensa en calidad de “hombre del partido”, como casi siempre en el Mundial, y lo primero que recibió no fue una pregunta, sino una petición. “Leo, no sé qué decirte, simplemente escucharte”, le soltaron desde abajo. Como a un profeta. A lo que el 10 respondió con una colección de tópicos. El martes, tras clasificarse para la final, el astro volvió al mismo sitio, y entonces sí habló. Locuaz como pocas veces, el dedo del genio señaló a Lionel Scaloni y su equipo de ayudantes, un gesto simbólico de la comodidad hasta ahora de La Pulga en ese vestuario. “Argentina tiene un cuerpo técnico muy bueno que no deja nada al azar. Cada detalle te lo hace saber y después pasa. Nunca estamos perdidos”, enfatizó.

