“12.000 personas que tienen 800 camellos y 150 caballos”. Así describía Doha en 1903 el supervisor británico John Lorimer. Hoy, la capital de Qatar, que se independizó en 1971, es una ciudad-Estado con 2,3 millones de habitantes, más del 80% de la población total. En el norte, atrapados entre el mar y kilómetros de desierto, han quedado pueblos fantasma como Al Jumail, una antigua villa de pescadores. Sus ruinas se remontan a la época en la que uno de cada seis residentes eran esclavos, cuando Qatar no existía como país, pero exportaba más perlas que el resto de países juntos. Fue antes de que aparecieran el petróleo y el gas y antes de que el resto del planeta se fijara durante un mes en este pequeño emirato del tamaño de la región de Murcia que, tras convertirse en uno de los territorios más ricos, logró cambiar la fecha del mayor acontecimiento de masas: el Mundial de fútbol.

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