En la víspera de la final de la Copa del Mundo, había dos asuntos de los que el seleccionador francés, Didier Deschamps, no quería hablar. Uno era Karim Benzema, al que ya evitó el miércoles después de la semifinal, y el otro, el misterioso virus que ha ido dejando fuera de combate de manera sucesiva a varios de sus futbolistas, y al que sí se refirió después de derrotar a Marruecos.

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