El Mundial se suele utilizar como el momento perfecto para concluir sobre las tendencias del fútbol. El último grito tiene que ver con el racionamiento del talento de los futbolistas, con la pérdida del fútbol de calle, la ausencia, salvo contadas excepciones, de los regateadores y la certeza de que los corsés tácticos le están restando brillantez al juego. Habrá que agradecerle a FIFA la democratización de los datos, que explican una parte del juego, pero no todo. Los cuatro semifinalistas son equipos construidos de atrás hacia adelante y los dos finalistas, expertos en dormir el juego, para, con la luz apagada, hacer notar el brillo de sus estrellas en momentos fugaces.

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