El pasado viernes, cuando Países Bajos le empató a Argentina en el último minuto del agregado, Buenos Aires se empezó a nublar. La definición de los cuartos de final de la Copa del Mundo, que Argentina tuvo en el bolsillo durante casi todo el partido, se fue a los penales mientras la primera ola de calor de un inédito verano mundialista se convertía en tormenta. El drama era inevitable. “Olvídate por un rato y cree”, pedía el narrador del partido en la televisión nacional. “Tiene que haber un dios que nos saque de esta”.

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