A finales de 1980, River Plate tenía el dinero sobre la mesa para contratar a Diego Maradona. Pero el 10, como siempre, gambeteó al destino. “No voy a firmar porque me llamó Boca”, le dijo Maradona a un periodista amigo y puso su propio operativo en marcha. Era mentira, pero la noticia hizo que Boca Juniors juntase monedas para llevarse al ídolo. Con el sueño cumplido, Maradona aprovechó para marcarse otro: con los primeros sueldos de la transferencia sacó a sus padres de Villa Fiorito, la cuna de tierra donde había nacido, y les compró una casa en Villa Devoto, un barrio acomodado de Buenos Aires.

