En el minuto 38.07 Julián Álvarez estaba en el primer palo de su portería, al lado del Dibu Martínez, esperando un córner de Croacia. En el minuto 38.24 Julián Álvarez estaba celebrando un gol dentro de la portería contraria, al lado de un alucinado Domink Livakovic, el portero de Croacia. Lo que ocurrió en esos 17 segundos fue puro fútbol, el que nace abajo, en los patios de luces y las pistas del colegio, en la puerta de casa, en la calle de un barrio sin luces. El fútbol viejo del tipo que corre con la pelota él solo más por miedo a que se la quite el dueño del balón, porque le llaman desde la ventana para la merienda, que porque quiera meter un gol.

