Antes de viajar a Doha, la selección argentina debió resolver un asunto logístico imprescindible para su convivencia: cómo hacer los asados en su residencia de la Universidad de Qatar. La federación encargó a una empresa cuatro parrillas de dos metros y medio, y un fogón donde se pudieran colgar hasta piezas enteras. Todo a medida para que cupiera en el avión y fabricadas en trabajo intensivo una semana antes del vuelo. Y entre la ropa, las botas y el resto del material deportivo, 2.600 kilos de carne. Cinco semanas fuera de casa —en el mejor de los escenarios (al que se ha llegado)— sin un asado era demasiado para un argentino, incluso para un deportista de alto nivel. Una vez instalados en la nueva residencia, a mediados de noviembre, apenas tardaron unas horas en destensar el ambiente con una ración de vacío.

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