Rabat se había transformado en una ciudad fantasma cuando sonó el pitido inicial del partido. Las calles permanecieron desiertas desde primera hora de la tarde, en medio del cierre generalizado de comercios. Pero al anochecer, la capital de Marruecos era una fiesta, la capital de todas las fiestas en homenaje a los Leones del Atlas en muchos lugares del mundo. El gol de Youssef En-Nesyri, delantero del Sevilla, ha entrado en la historia de los marroquíes. En la noche del sábado todos parecían empeñarse en soñar que lo mejor estaba aún por llegar.

