El titular lo podría firmar el mismísimo<strong> Mariano Rajoy pero es la realidad. Son los objetivos y no las simpatías lo que alimenta la máquina</strong>. Luis de la Fuente ha conseguido magníficos resultados en el último escalón del fútbol formativo. La categoría sub21 ya es prácticamente fútbol profesional, alta competición.<strong> Pero su rendimiento como entrenador no se ha medido en la élite por razones de curriculum. Simplemente, no ha estado ahí</strong>. Será eso lo que calibre su valía más allá del talante, de si se pone en las radios, si levanta pesas por las mañanas o si se pasa la maquinilla a diario que, por cierto, se la pasa. Es justamente eso<strong> lo que ha echado a Luis Enrique, la pobreza de los resultados</strong> en la competición más importante del fútbol profesional. De haber tenido mañana partido contra Portugal, Luis Enrique y todo su ecosistema, con lo bueno y con lo malo, seguiría ahí. Luis Aragonés pasó por un trance similar y Villar lo aguantó. Pero no es lo mismo que te eche Francia a que lo haga Marruecos. <strong>El Mundial de Luis Enrique ha sido pobrísimo. </strong>

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