“Yo confío en Fernando Santos”, declaró el primer ministro de Portugal, el vigoroso Antonio Costa, al salir del gran copón dorado del estadio de Lusail, sede de la final del Mundial de Qatar. El político acababa de asistir en directo al que probablemente fuera el licenciamiento más ruidoso en la historia del fútbol. Sucedió el martes ante los 80.000 hinchas que acudieron a ver el Portugal – Suiza de octavos de final y acabaron excitados por otro drama. Porque Fernando Santos, el seleccionador de Portugal, dejó en el banquillo a Cristiano Ronaldo por primera vez en dos décadas para poner en su lugar a un chico de mirada jovial, nacido en el pueblo pesquero de Olhao, en el corazón del Algarve, en 2001, dos años antes del debut de su predecesor en la selección. Se llama Gonçalo Ramos, fue su primera titularidad internacional, y respondió al desafío con tres goles y una asistencia. Portugal le ganó a Suiza por 6-1.

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