Una de las claves para ser un buen jugador de ajedrez es la capacidad para reconocer muchos patrones distintos, tácticos y estratégicos. Desde ese punto de vista, la partida de este vídeo es, además de bellísima, un lujo. Un sacrificio de peón a cambio de mejor desarrollo, iniciativa y apertura de líneas se convierte en una cuña central que divide en dos la posición del rival, lo que impide la buena comunicación defensiva entre ambos flancos. Y a partir de ese logro estratégico nace la obra de arte táctico, que combina el dominio de la diagonal b1-h7 con la columna semiabierta h. El resultado es una obra inmortal.

