España cayó en la droga, que es la posesión por la posesión, el balón para tenerlo y presumir de él sin saber que sirve para meterlo en una portería, con la ventaja que da eso; España juega para tener el balón, algo muy ambicioso que se le da muy bien, pero al tenerlo puede caer en el vicio, que es moverlo sin saber qué hacer con él. Uno puede consumir opiáceos con un objetivo, que es aliviar un dolor muy grande y funcionar en la vida, y también puede consumirlos porque no puede pasar sin ellos, porque los necesita, aunque sólo le valgan para quitarse las ganas de tomarlos. Es la historia de la droga: puedes tomarla con un objetivo, pero si la tomas muchas veces llega un momento en que olvidaste el objetivo, y la tomas sólo porque si no la tomas es peor. Se llama adicción y pasa con las sustancias, con ciertos amigos, con el amor, con el trabajo, con un balón de fútbol. Nada de eso está mal si lo sabes usar. La selección española de fútbol sabe usar brillantemente el balón. Tan brillantemente que, cuando se olvida, es un espanto. Un tipo tirando naranjas al aire y recogiéndolas. Un tipo que hace una rabona en su área. Un tipo que llega a una cena y dice que él sólo habla de lo que sabe, y no vuelve a cerrar la boca. Un tipo que se aburre a sí mismo y aburre a los demás.

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