Cuando Walid Regragui (Corbeil-Essonnes, Francia; 47 años) fue nombrado seleccionador marroquí hace tres meses, a los menos entusiastas con la decisión no se les ocurrió otra cosa que tratar de hacerlo de menos llamándole “cabeza de aguacate”, por su cabellera desierta y la tez morena. El pasado jueves, consumado el gran éxito de devolver a su país a unos octavos mundialistas 36 años después, sobre el césped del estadio Al Thumama todos los jugadores le rodearon y empezaron a tocarle la cabeza. Hasta la FIFA, en un tuit amistoso, invocó su testa horas antes del duelo decisivo contra Canadá con una foto del técnico sosteniendo un aguacate (y acompañado del icono de un cerebro).

