“Hemos hecho el trabajo”, dijo Olivier Giroud. El ariete de Francia, 193 centímetros de auténtico tanque de área, había corrido al espacio que liberó Cash cuando fue a presionar a Mbappé, a falta de un minuto para el descanso. La carrera al vacío, una rareza en su repertorio, elevó el pase de Kylian Mbappé, su compañero de ataque, a la categoría de asistencia. El 1-0 fue la puerta que se abre a la clasificación de Francia para los cuartos de final del Mundial. No solo rompió la estrategia de Polonia sino que convirtió al barbudo de Chambéry en el máximo goleador de la historia de la selección francesa con 52 goles, uno más que Thierry Henry.

