Argentina terminó primera en su grupo del Mundial de Qatar y el país pasó del funeral al jolgorio. El equipo de Lionel Messi se enfrenta este sábado a Australia en los octavos de final con la esperanza renovada tras la derrota del primer partido contra Arabia Saudí. La Copa del Mundo en pleno verano austral y la idea velada de que, siendo esta la última que jugará Messi, es ahora o nunca, han desatado el optimismo en las calles. Oficinistas, niños y turistas, repartidores de aplicaciones, taxistas y hasta las mascotas llevan una camiseta celeste y blanca con el 10 en la espalda. La fiesta de 45 millones de argentinos, estos días, solo se puede comparar con un eco a 17.000 kilómetros de distancia. En Bangladesh, patria de 167 millones de personas al este de la India, cada gol argentino es celebrado como en el Obelisco de Buenos Aires.

