De entre las cosas que ha hecho mal Florentino Pérez en el intento de fichaje de Mbappé<strong> hay una que tiene que ver con el postureo pero también con una cierta autoridad moral. Más, cuando eres el presidente del Real Madrid. A veces Pérez ha ido sobrado de soberbia</strong>, como cuando le puso fecha de caducidad a la renovación de Sergio Ramos, pero esta vez llama la atención una cierta candidez en su postura. Parece como si unos cuantos pósters del Madrid en la habitación adolescente de Mbappé o una historieta en un cómic le hubieran subyugado<strong>. Es asombroso que, después de 1 de enero, no hubiera un papel firmado, con el chico o con sus apoderados, una fecha fijada, una seriedad y un compromiso en este mundo de tiburones</strong>. Por menos, Florentino ha doblado el brazo a otros.

