Iluminada con una batería de potentes focos rojos adheridos a un gigantesco arco, la estructura que sostiene su ondulada cubierta otorga al estadio Khalifa un aire de montaña rusa. Los centelleantes juegos de luces que visten rascacielos y torres prismáticas en los aledaños del coliseo componían un paraje de parque de atracciones invadido por el azul de los entusiastas hinchas japoneses. Desde hace tiempo, el fútbol profesional nipón busca romper con la imagen fantasiosa que le confirió la popular serie de animación Campeones. Los jugadores que logran un hueco en el fútbol europeo se empeñan en desligarse de las figuras de los fantasiosos Oliver y Benji. Las últimas generaciones que han desembarcado en el fútbol europeo también reniegan de ser meros reclamos publicitarios para la expansión comercial en Asia de los clubes que les contratan.

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