Una conversación durante un viaje de pretemporada entre Álvaro Morata y un empleado del Atlético próximo a Diego Pablo Simeone reveló a su interlocutor una personalidad más recia y decidida. Nada que ver con el futbolista que se fue cabizbajo a pasar dos años de cesión en la Juventus de Turín en el verano de 2020. El diálogo dio para una regañina al jugador por no haber defendido con más vehemencia, dentro y fuera del vestuario, su puesto en el once titular ante la versión decadente de Diego Costa. Los registros goleadores de Morata eran mejores que los de Costa, pero este contaba con el beneplácito de Simeone, contra el que solo se rebeló tras ser suplente en los cuartos de final de la Champions ante el Leipzig disputados en Lisboa. Recordando el episodio, el interlocutor interpeló a Morata para que se hiciera valer y en la respuesta de este apreció a un futbolista muy convencido de que las reticencias del preparador argentino a su regreso iban a desaparecer en cuanto le pusiera un par de partidos más en los bolos veraniegos. Así sucedió.

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