Sevilla se esponjó la semana pasada para recibir a 150.000 hinchas alemanes o escoceses, sólo 40.000 con entrada. El destino de los demás era errar por las calles a 38 grados a la sombra, beber mucha cerveza y ver el partido en pantalla gigante en una de las dos fan-zones preparadas al efecto. Aparte de unas pocas peleas en la tarde del partido, no pasó nada. Volaron cuatro sillas, hubo un contusionado… Nada más.

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