Argentina fue una fiesta. Bastaron unos minutos tras el triunfo 2-0 ante Polonia para que el Obelisco de Buenos Aires, el punto de encuentro de las grandes celebraciones, se llenara de gente. ¿Vale celebrar en las calles un pase a octavos en un Mundial de fútbol? ¿Tal vez porque la Albiceleste quedó primera en su grupo? La euforia de los argentinos ha sido fruto del miedo, una catástrofe deportiva. La derrota ante Arabia Saudí en el debut había agitado los fantasmas de Corea-Japón 2022, cuando la selección de Marcelo Bielsa volvió a casa con solo tres partidos disputados. Los goles de Julián Álvarez y Alexis Mac Allister neutralizaron el maleficio y los argentinos volvieron a respirar.

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