Un empate mantiene con vida a Camerún y Serbia en el Mundial, pero quizás también daña a ambas después de un rebumbio complicado de entender porque las dos se dejaron remontar de manera inopinada y se aplicaron con igual fiereza entre el dislate y la inspiración. Seis goles, tres para cada equipo, son el retrato de un desbocado juego de errores en el que nadie fue capaz de sujetar las riendas.

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