Las invasiones de campo están en auge tras la represión de la pandemia. La más estruendosa de todas se registró este domingo en el Etihad, donde la hinchada del Manchester City se lanzó en marabunta a abrazar y besar a los jugadores y a llevarse recuerdos del campo sagrado que acababa de acoger la remontada más celebrada. Después de ir perdiendo por 0-2 ante el Aston Villa, ensombrecido por la angustia, el equipo del norte de la ciudad remontó hasta el 3-2 y atrapó la sexta Premier de su historia. Fue el cuarto título de Liga inglesa que conquista Pep Guardiola, que se retiró llorando a los vestuarios, deshechos los nervios al cabo de una jornada de máxima tensión, con el Liverpool pisándole los talones hasta el último minuto. La explosión de felicidad desbordó a los servicios de seguridad en una avalancha humana que arrasó con las porterías, destrozadas por los fanáticos, que venían de vivir una tarde de miedo. Durante media hora el título pareció escapárseles de las manos en un partido que atenazó a los futbolistas, víctimas de la presión y del oficio del Villa.

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